La crisis energética y climática ya está aquí. En Eivissa no podemos seguir como si fuéramos de otro planeta.
A las puertas de una temporada turística incierta, desde Amics de la Terra queremos conmemorar el Día de la Tierra advirtiendo de cómo la inestabilidad global afecta a lo local y por qué debe importarnos la salud del planeta entero si queremos proteger nuestra pequeña y frágil “roqueta” mediterránea.
Hace un par de meses, en la feria ITB de Berlín, algunos representantes del sector turístico pronosticaban que nuestras islas se «beneficiarán si se alargan los bombardeos» en Oriente Medio. No tardaron en llegar las oportunas críticas y matices por parte de todos, valoraciones éticas a un comentario que ponía en la misma balanza la vida de miles de inocentes y el beneficio de unos pocos.
Pero pasada esta anécdota mediática, las noticias sobre el empeoramiento de la situación se han ido agolpando, especialmente desde el cierre del Estrecho de Ormuz, que ha puesto sobre la mesa de empresas y gobiernos de todo el mundo la cuestión energética. Las primeras cancelaciones de vuelos europeos y algunas reservas hoteleras de Eivissa están congelando la sonrisa de quienes veían la guerra como una oportunidad de hacer otro agosto “normal”.
Seamos claros: Lo que enfrentamos estos días no es una crisis pasajera, sino el principio del fin de la abundancia energética y material en un planeta agotado. Entre las muchas consecuencias que esto tiene y tendrá en nuestro día a día (el encarecimiento de los alimentos y del agua potable desalinizada, sin ir más lejos), debemos asimilar de una vez que el diésel y el queroseno no volverán a ser tan baratos como años atrás. Nunca más. Nos enfrentamos a un riesgo real de gran recesión económica en Europa, de una inflación sin precedentes y de una escasez de combustibles crónica. En un escenario así, es lógico pensar que el turismo de masas podría ser uno de los sectores más perjudicados. A las entidades ecologistas, que desde hace años gritamos «Canviem el rumb! Decrecimiento turístico! Diversificación económica!», nos podrán criticar muchas cosas, pero no nos podrán decir que no avisamos.
Los límites planetarios, en nuestra isla
La gravedad del momento se manifiesta en varios frentes que nos afectan localmente de forma directa, por la ya mencionada crisis energética pero también por la ambiental. De los nueve límites planetarios identificados por el Instituto de Resiliencia de Estocolmo, ya están sobrepasados siete (globalmente), pero aquí vamos a destacar los cuatro que más nos afectan como isla.
La temperatura y acidificación del mar ya están poniendo en jaque nuestra vida marina. Por más boyas ecológicas y control de fondeos que pongamos (acciones necesarias que seguimos reivindicando), la posidonia no resistirá un agua a 30 grados, temperatura que ya se ha superado en 2025 en algunos puntos y que previsiblemente empeorará esta temporada (y si no, la que viene, o la siguiente). Si las praderas de posidonia mueren, perdemos la transparencia del agua, perdemos las playas de arena y perdemos toda la cadena trófica mediterránea, convirtiendo el mar balear en el caldo estéril que ya observamos en el Mar Menor.
En cuanto a la temperatura del aire, esta temporada podría emerger otro fenómeno El Niño, lo que se traduce en mayores probabilidades de olas de calor en verano y DANAs en otoño, cuando aún no nos hemos repuesto de la anterior. Pedimos a las autoridades que estén preparadas para cuando salte la próxima Es-Alert en nuestros móviles.
Otro límite planetario sobrepasado es el de la biodiversidad. Ibiza tiene una biodiversidad única, pero la presión humana ha sido y sigue siendo extrema. La introducción de serpientes a través del comercio de los garden centers para satisfacer villas de lujo ha diezmado la población de la lagartija ibicenca. Hasta el souvenir más famoso de la isla está en riesgo inminente de desaparecer.
El llamado «cambio en el uso del suelo» es uno de los límites planetarios menos conocidos, pero quizás el más importante a tener en cuenta en Eivissa. El suelo, el territorio, no es un plano infinito, mucho menos en una isla relativamente pequeña. Quienes proponen solucionar el problema de la vivienda, “construyendo más”, ignoran que solo se puede aumentar el suelo urbano en detrimento de los otros suelos necesarios para la vida: forestal y agrícola. Sobre-urbanizar Eivissa reduce la capacidad de la isla para absorber carbono, recargar sus acuíferos, que no se salinicen, y regular la temperatura local en picos de calor, sirviendo de refugios climáticos para la población humana y también el resto de animales. Como condición de necesidad, el maltrecho sector primario de la isla no podrá reconvertirse en un modelo agroecológico y de proximidad si seguimos degradando nuestro suelo fértil.
Es el momento de tomárselo en serio… y actuar
Hace pocos días nuestra organización fue invitada a la presentación del Pla Estratègic de Turisme 2026-2030 del Ajuntament d’Eivissa, evento al que asistimos como siempre con interés y ánimo constructivo. En él, se detalla un DAFO en el que, a nuestro parecer, las “amenazas” no están suficientemente enfocadas a la situación planetaria que acabamos de describir, a saber, escasez de agua dulce, pérdida de biodiversidad terrestre y marina, presión del suelo, cambio climático y dependencia extrema de combustibles fósiles (transporte aéreo y marítimo).
Como señala Antonio Turiel en su campaña de concienciación «No Normal» (nonormal.org), el tiempo de la divulgación académica ha terminado. Ahora es el momento de que la sociedad civil se organice desde lo local. En lugares como Eivissa, esta «no normalidad» se traduce en asumir el fin de un modelo basado en vuelos y mercancías marítimas baratas, en reorganizarnos para fortalecer el apoyo mutuo y repensar un modelo de producción y consumo alternativo y digno de ser celebrado un Día de la Tierra cualquiera.
