La lluvia es bienvenida, pero no arregla la situación hídrica en Ibiza

Amics de la Terra celebra la recuperación de los acuíferos gracias a las lluvias, pero advierte que la mejora es transitoria si no cambia el modelo de gestión y consumo.

Con motivo del Día Mundial del Agua, Amics de la Terra Eivissa revisamos el estado actual de nuestra isla. ¿Tenemos motivos para celebrar? Pues sí, por suerte, este año las lluvias han dado un respiro a nuestros acuíferos y hemos salido del estado de alerta por sequía. Pero no bajemos la guardia, este «regalo de la Naturaleza» no es excusa para esconder una gestión política que continúa instalada en el derroche y un consumo excesivo para favorecer los intereses económicos de unos pocos.

La recuperación del nivel freático es sin duda una noticia positiva, pero ha venido acompañada de graves daños a viviendas, negocios y zonas públicas. Sufrir inundaciones un día y al siguiente dar permisos urbanísticos en zonas de riesgo es una irresponsabilidad que no podemos permitir.

La reutilización del agua, la mejora de las tuberías y la limitación de los usos más frívolos frente al uso necesario e imprescindible de este bien estructuralmente escaso son las asignaturas pendientes y esto la lluvia no lo arreglará, por mucho que la situación coyuntural mejore.

El experimento de la balsa de riego de sa Rota (reducir la salinidad mezclando agua depurada con agua desalada), ignorando u ocultando su elevado coste económico y ambiental, es una tomadura de pelo. Mientras tanto, las actuaciones efectivas y con sentido común siguen sin respuesta: ¿Por qué se permite que camiones cisterna carguen agua de pozos sobreexplotados en lugar de utilizar exclusivamente agua de las desaladoras? ¿Por qué no se ha prohibido aún el suministro de agua de pozo a los megacruceros? ¿Cuándo se aplicarán controles reales a las villas de lujo, con miles de toneladas de agua destinadas a jardines tropicales y piscinas privadas insultantemente ostentosas? ¿Cuándo se dejarán de dar permisos para nuevas perforaciones en suelo rústico?

Nada de esto se quiere hacer, porque nos obliga a tomarnos en serio los límites biofísicos de nuestra isla y la fragilidad de su modelo económico. En cambio, la construcción de una nueva desaladora cuenta con el beneplácito de los sectores más demandantes de agua, y que nunca tienen suficiente: construcción y turismo de lujo. Una vez más, apostamos por la dieta que nunca falla: hacer un nuevo agujero en el cinturón y negar la realidad.