Eivissa, 17 de junio de 2026 – Con motivo del Día Mundial de lucha contra la desertificación y la sequía, Amics de la Terra Eivissa advierte de que la isla se encuentra en un proceso de degradación ambiental que debemos revertir urgentemente.

La desertificación, en Ibiza, no es solo un fenómeno provocado por los cambios climáticos planetarios. La crisis climática global ya la estamos experimentando: más olas de calor con temperaturas insoportables, sequías prolongadas, aumento de los incendios forestales, erosión y destrucción de la biodiversidad, y lluvias torrenciales aún más fuertes de las que ya eran propias del Mediterráneo en el siglo XX, que provocan graves inundaciones y una progresiva pérdida de tierra fértil.

Estas consecuencias las conoce bien el sector agrícola, que ya sufre el problema de la crisis de los acuíferos sobreexplotados y no recargados naturalmente con la lluvia, la escasa frecuencia de las lluvias durante las épocas de siembra, y las lluvias torrenciales cuando no tocan, que pueden dañar los cultivos y erosionar miles de metros cuadrados de suelo fértil en un día.

Este problema viene agravado por la transformación del suelo de la isla en un plano impermeable y compactado. Con cada nueva construcción, carretera e infraestructura, y con cada zona arbolada que cambiamos por hormigón, estamos impermeabilizando y recalentando la superficie. El cemento actúa como un tapón que impide que la lluvia se infiltre y regenere el subsuelo y aumenta la temperatura ambiente local, que es diferente de la meteorológica y puede ser superior o inferior a esta dependiendo del lugar donde nos encontremos. En un mismo día de fuerte calor, la sombra de un parque es fresca, mientras que un aparcamiento al sol es un lugar peligroso para la salud.

La prioridad es detener los ritmos de construcción y crecimiento en toda la isla, ya sea en extensión o densificando en altura, como propone el Colegio de Arquitectos. Por ejemplo, en contra de toda lógica, el PGOU de Sant Antoni mantiene 9 hectáreas urbanizables en zonas inundables entre torrentes.

Es urgente mitigar todos estos impactos: reducir el riesgo de inundaciones en zonas vulnerables, delimitarlas en el Plan Territorial y estudiar añadir más zonas ante los cambios climáticos previstos. Además, debemos implementar medidas para aprovechar el agua de las lluvias torrenciales, ya que el agua será cada vez más, un recurso más importante y escaso.

La actual presión sobre los recursos hídricos es insostenible, con cada vez menos agua de lluvia filtrándose a los acuíferos y desperdiciando el agua depurada como si fuera un recurso infinito y gratuito. Todas las depuradoras funcionan de manera deficiente. Por ejemplo, la depuradora de Sa Coma vierte cada día 25.000 metros cúbicos de agua útil al mar. Si se gestionara correctamente este recurso, detectando y eliminando las infiltraciones salinas, podría servir para agricultura, regenerar ses Feixes y prevenir incendios forestales.

La reciente victoria vecinal cancelando el proyecto de aparcamiento de Sa Real y salvando el arbolado existente es la mejor demostración de que si nos organizamos, podemos hacer muchas cosas para recuperar la Ibiza que todos amamos. El ahorro de agua, la protección de parques urbanos y creación de nuevos refugios climáticos, la conservación de los sistemas hídricos en zonas húmedas, zonas inundables y zonas costeras son todas caras de la misma lucha.

En resumen, hace falta:

  • Moratoria urbanística en zonas de riesgo: Prohibición total de construir en zonas inundables, transformándolas en espacios verdes con técnicas regenerativas de optimización del agua como el diseño de «keylines» y depósitos antiincendios. En las zonas inundables ya construidas, instalar tanques de tormenta para aprovechar el agua de escorrentía, evitando que afecte a las viviendas y sus habitantes.
  • Límites al crecimiento: Aliviar la presión turística y demográfica para reducir la necesidad de crear más infraestructuras que impermeabilicen la tierra.
  • Cerrar el ciclo del agua, tarea pendiente desde hace décadas: equilibrar la disponibilidad de agua, sin confiarlo todo a nuevas desaladoras que consumen una cantidad ingente de energía eléctrica y afectan gravemente los ecosistemas marinos con la salmuera vertida al mar, residuo del proceso de desalación.
  • Mitigar el impacto del calor en zonas urbanas: Creación de más espacios verdes, refugios climáticos y plantación de árboles y recuperación de zonas húmedas como ses Feixes.Cada metro de tierra cubierto de cemento es lluvia que tiramos al mar. Una oportunidad perdida para hacer de esta isla el paraíso que podría volver a ser si aprendiéramos a respetar sus ciclos naturales.